Ocio en familia

Paloma Jara comparte con Pirfita una de sus grandes aficiones: el teatro. La última vez fue a ver la obra de títeres Historias Fabulosas. Una gran experiencia en familia.

Me encanta el teatro. Desde que era una niña. He disfrutado encima de un escenario (aunque nunca haya pasado de un nivel ‘amateur’) y muchísimo más en una butaca. Ahora que Pirfita empieza a entender nuestro idioma, cada vez mejor, hemos decidido que nos acompañe. No viene a ver con nosotros ninguna tragedia griega, claro, somos nosotros los que adaptamos a ella las obras que seleccionamos. Primero, fue una ‘perfomance’ para bebés a base de luz, música y colores, luego una obra corta de títeres y la última de las elegidas ha sido un teatro de marionetas titulado ‘Historias Fabulosas’.

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Sobre el escenario tres fábulas clásicas (la de la gallina de los huevos de oro, la liebre y la tortuga y el león y el ratón) que suponían un esfuerzo de paciencia, creo, para una niña que no llega a los tres años. Casi una hora en una butaca que no sólo aguantó, también disfrutó. Y qué placer cuando, al acabar la función, los actores dejan que los niños y niñas interactúen con las marionetas. Es una auténtica experiencia de ruptura de la cuarta pared que los peques valoran (sólo hay que verles las caritas).

¿Por qué cuento todo esto? Pues porque defiendo, como un auténtico disfrute en familia, acercar a nuestros hijos nuestras aficiones y placeres; que conozcan desde muy pronto qué cosas nos gusta hacer para que, si quieren y les apetece, empiecen a acompañarnos desde el principio. Ya sea la pesca, el flamenco, la hípica o el atletismo. Cualquiera de nuestras pasiones, adaptada, puede empezar a ser la suya también.

En mi caso es el teatro y meterme en uno, rodeada de niños y familias, me resulta excitante. Y no me pesa, en absoluto, que las obras sean destinadas a un público infantil porque, realmente, las obras buenas son universales y lo que cuentan tienen mucho valor y sentido también para mí, aunque el protagonista sea un león altivo y poderoso o un pollito que acaba de salir del cascarón.

Han pasado varias semanas desde la última de las obras que vimos y, cada noche, todavía, Pirfita me pide al dormir que le cuente una y otra vez todas las historias que vio en el teatro como si de un cuento se tratara. Y yo lo hago, a mi manera, destacando las cuestiones que me interesan y haciéndola soñar con que pronto volveremos al teatro.

 

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