Difícil conciliar

Algo nos vendieron mal. De repente, nos soltaron a pelear por igual a hombres y mujeres a la arena del del mercado laboral, y nos creímos que habíamos conseguido la tan ansiada igualdad

Algo nos vendieron mal. De repente, nos soltaron a pelear por igual a hombres y mujeres a la arena de este circo que es el mercado laboral. Nos dieron a todos las mismas armas para la lucha y nos creímos que, por fin, habíamos conseguido la tan ansiada igualdad por la que lucharon muchos hombres y mujeres que nos precedieron. Pero no. Porque resulta que aquí, en el ruedo, algunos llevamos un equipaje más pesado que otros, que nos limita nuestra libertad de movimientos y que nos exige un esfuerzo mucho mayor que al resto para mantenernos en pie.

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Las jornadas laborales, la tensión del trabajo a contrarreloj, los desplazamientos si no trabajas cerca de donde vives o los cambios de horarios son más complicados si, cada mañana, tienes que cuadrar el difícil sudoku de llegar a tiempo al colegio o no pasarte de las horas contratadas en la guardería. Es una especie de carga extra sobre los hombros de padres y madres con niños pequeños que, seguramente, tampoco han dormido bien esa noche.

Pero no me quería quejar hoy de eso si no más bien y, volviendo al principio, de algo que nos vendieron mal, como un excepcional regalo de sociedad avanzada que sacaba de casa a los dos progenitores para que entrara dinero. Pero era un regalo con truco porque, pronto, ha dejado de ser una elección para ser una necesidad.

Muy pocos son los padres y madres que podemos darnos el lujo (porque en esto se ha convertido) de dejar aparcada por un tiempo nuestra carrera profesional para ocuparnos en exclusiva del cuidado y la crianza de nuestros hijos e hijas. Pocas casas se mantienen con un solo sueldo y a casi nadie se le guarda el puesto en una sociedad como la que tenemos.

Ojalá fuera todo más sencillo. Ojalá hubiera un respeto social mayor al trabajador o trabajadora que se baje del carro laboral para tener hijos, unas leyes que garanticen mayores y mejores bajas paternales y maternales y, en definitiva, una sociedad más solidaria en la que cuidar y criar pudieran volver al ámbito doméstico, que es adonde estaba antes de que se convirtieran en un negocio.

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