Los carritos no son para las bullas

Ahora que acaban de terminar los carnavales y que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina necesito lanzar un mensaje claro: Los carritos no son para las bullas.

Precisamente ahora que acabamos de dejar atrás los carnavales y que aparece por la vuelta de la esquina la Semana Santa (dos celebraciones con las que parece que nos volcamos los andaluces) necesito lanzar un mensaje claro: Los carritos no son para las bullas.

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No seré yo la que una página destinada a promocionar el ocio en familia defienda dejar fuera de nuestras aficiones a nuestros hijos. No es mi objetivo. A mi me encanta que Pirfita viva al lado de sus papás nuestros momentos de felicidad social pero creo que hay sitios donde no es bueno, ni para ella ni para nosotros, que nos acompañe. Y, si la llevamos, no se nos ocurre meternos en el meollo. Porque es, incluso, peligroso.

Este año, como los anteriores, hemos pasado unos días en el carnaval de Cádiz, pero hemos tirado de familia para poder vivir la experiencia en pareja. En años anteriores, cuando nos ha acompañado nuestra hija, hemos preferido alejarnos de las aglomeraciones y no se nos ocurre intentar traspasar una bulla con un carrito o meter a nuestra hija en el centro de una aglomeración donde es más que probable que la empujen, la pisen o la quemen con un cigarro. Una cosa de sentido común, básicamente.

Creo que también forma parte de mi responsabilidad como madre adaptar el espacio que nos rodea a las necesidades de mi hija y, por mucho que me guste callejear por el centro de Cádiz (sirve igual para cualquier ciudad andaluza donde se produzcan grandes aglomeraciones con motivo de una festividad o celebración) no me meto en un embudo con una niña de dos años. No pasa nada si, en los primeros años de vida de nuestros hijos, vemos “los toros desde la barrera” y, o bien nos alejamos un poco de la bulla o, directamente, posponemos la visita para cuando crezcan un poquito y no corran tanto peligro.

Escribo todo esto porque, precisamente este año, el lunes de coros, nos faltaban dedos en las manos para contar la de madres, padres y abuelos agobiados con carritos que nos encontramos. Tantos que, cuando coincidí en una plaza esperando a una batea con un amigo gaditano (sin hijos, por ahora) que sigue esta página me hizo una petición: “Escribe, por favor, sobre que no metan los carros de los niños por aquí”. Y la coincidencia en el pensamiento me pareció tan curiosa como necesario cumplir su petición. Y aquí estoy, cumpliendo y recomendando a todos los papás y mamás que puedan leerme que recapaciten sobre la necesidad de introducir a sus pequeños en ciertos ambientes que llegan a ser “asfixiantes” y donde, estoy segura, muchos niños (y pienso en mi propia hija) se van a sentir agobiados e inseguros.

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