Molestias

¿Quién no ha intentado pasar un día con los peques con otra familia con niños para que jueguen? Paloma se llevó al campo a Pirfita con otras niñas, sin embargo pasaron el día pendientes de los padres y llamando su atención

Hemos tenido la genial ocurrencia de irnos a encerrarnos durante todo un fin de semana a un campo con tres niñas que rondan los dos años y medio. Pensábamos, ilusos, que podía ser una estupenda oportunidad para descansar y ponernos al día con nuestros amigos (los papás y mamás de las niñas). Llevábamos hasta juegos de mesa, de ésos a los que recurrimos los amigos a partir de cierta edad para tener más cosas con las que reírnos una vez que empezamos a darle a las bebidas espirituosas.

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Pero no pudimos disfrutar de la tranquilidad que esperábamos. Lo que apenas hubo fue un primer y tímido período de varios minutos en los que las primeras dos niñas jugaron entre ellas. Y ya está. Luego pasaron tres días de intentos frustrados para que se divirtieran solas, pero no había manera. Y eso que tenían, además de juguetes, columpios, una tele con dibujos, piscina, un perrito y hasta una cabaña improvisada entre los árboles que le construimos con unas toallas. Pero nada. Las tres preferían, apenas escuchaban nuestras primeras conversaciones, venir a pegarse a nuestros cuerpos, unas veces llorando, otras quejándose y todas llamando nuestra atención.

Los esfuerzos por jugar a los juegos de mesa se quedaron apenas en intentos. Las conversaciones las manteníamos de forma atropellada, retomándolas en diferentes momentos a lo largo del día, cuando nos dejaban las pequeñas. Sólo conseguíamos tener algo de tranquilidad cuando alguno de los adultos nos íbamos a jugar con ellas.

Entendimos que todo es cuestión de edad. Que falta muy poco para que empiecen a interactuar entre ellas de forma más fluida y, poco después, no sólo no necesiten nuestra presencia, sino que, además, les estorbemos.

Este fin de semana de encerrona y descanso nos hubiera apetecido que las peques fueran más independientes y autónomas pero, en el fondo, sabemos que habrá un día en el que echaremos de menos sus continuas interrupciones y sus peticiones de atención. Y para ese día falta cada vez menos.

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